Ser la excepción
¿Te acuerdas de las hamburguesas de GOIKO?
Han aprendido. Dicen que no van a gestionarse desde el Excel de un financiero. Vivo en Alcalá de Guadaíra, el pueblo del pan. Una industria que ha empeorado la masa del producto, perjudicando la salud de millones de clientes. Friedman lo aplaudiría. Prefiero a Adam Smith.
Maximizar beneficios es legítimo hasta que deja de ser un objetivo con límites y se convierte en un dogma. Cuando sucede, la empresa sacrifica aquello que la distinguía y acelera su propia irrelevancia. ¿Ejemplos?
Ortega no distinguía entre personas superiores e inferiores por su origen, clase o color, sino por su disposición ante la vida. Ser la excepción consiste en imponerse obligaciones y cultivar el pensamiento. Es la autoexigencia de calidad para diferenciarse. No implica vanidad ni elitismo, esa falsa superioridad disfrazada en un halo de prestigio.
Lo masivo crea prosperidad, pero también puede empobrecernos material y espiritualmente. Cuando todo se mide en alcance y rentabilidad, la calidad se convierte en un coste, los principios en un lujo sobrante y la cosmovisión como herramienta de gestión en una extravagancia anticuada. Volvamos a que el interés propio no signifique explotación al cliente o egoísmo.
Seamos matterialistas. Hagamos matterialismo.