Pensar
2006 abrió una nueva etapa. Tras vender Ideasapiens rompimos amablemente con Barcelona después de diecisiete años para regresar a Sevilla. Hicimos una casa de revista en la que no faltaba ni una pista de baloncesto. Vivir en una urbanización está sobrevalorado (hoy no toca). ¿Qué aprendí también en el proceso? La diferencia entre gusto y criterio.
Para alguien sin formación en una disciplina, el gusto es autobiográfico. Es una acumulación pasiva de antojos basados en dónde crecimos, en lo que hemos consumido, en lo que está de moda. Rebatir un «me gusta» implica arriesgarse a que la persona que amas perciba la negación de su identidad.
El criterio, en cambio, es historiográfico. Es una acumulación activa de razones que puede darte una respuesta inmediata llamada instinto. Es conocimiento entrenado durante años que se nutre de principios, aciertos, errores e incluso sesgos (nadie se libra) que han construido un punto de vista que se argumenta según necesidades, contextos, presupuestos...
Si lideras equipos, evita el «no me gusta» sin argumentación. El criterio profesional no elimina del todo la subjetividad, pero la domestica. Aprendamos a razonar lo que sentimos sin caer en el autoengaño.
La némesis del arquitecto es el cliente con Pinterest.