¿Qué te hace feliz? ¿Por qué no lo haces más? La felicidad es un cóctel neuronal que depende del hacer efímero. Lo aspiracional es la plenitud que nace del ser disciplinado en el placer. Ambas se relacionan desde el sentir.

Ese camino de madurez empieza por encontrar belleza en lo que no sucede; en aquello que la realidad no desgasta e, incluso, en lo contrario, para romantizarlo. Tres líneas que podríamos haber acuñado en un concepto. Ni siquiera el japonés o el alemán han conseguido domesticar en una palabra esta certeza escasa que, con el tiempo, se convierte en melodía. ¿A qué suena la tuya? La mía A Te de Jovanotti.

Esa noche, Parthenope supo que ese anciano ebrio era John Cheever. «He leído todas sus historias», dijo ella, invitándole a intimar. Él, agraviado por lo que iba a decir, declinó sereno: «La vida está llena de decepciones. No quiero robarte ni un minuto de tu juventud».

¿Qué me hace feliz? Despertar. Escuchar el ruido antiguo del tostador. Desayunar. Descubrir una idea al pasear. Aceptarme. Admirar para amar. Regar. Oler después de regar. Hay flores que sólo brotan donde no llega el sol directo. Escribir a contrarreloj. Competir. Siempre jugar.