Lo que no cambia
El joven aristócrata Tancredi Falconeri está a punto de unirse a las fuerzas revolucionarias que van a unificar Italia. Esa mañana visitó a su tío, el Príncipe de Salina, para contárselo. Sabe que no apoyará su decisión de unirse a los garibaldinos. ¿Qué le responderá cuando le reproche su decisión?
—Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie.
Todo es un remix, salvo la preservación del poder y el núcleo de la condición humana. ¿Para qué volar como los pájaros hasta llegar a la Luna? El instinto de superación, en sus diferentes formatos, es el viento que empuja a la civilización. No los imperios, no las ideologías, no los mercados que sólo son administradores a su servicio. El decrecentismo es pura ilusión. Construir mejor es la solución.
Todo sistema maduro sabe que la única opción para perpetuarse es gestionar nuestra intolerancia a los límites permitiendo cambios que no alteren las jerarquías.
Somos y estamos en Europa. El PSOE y el PP son dos versiones de una socialdemocracia corrupta con distinto color. Florentino Pérez y Enrique Riquelme son el mismo perro con distinto collar.
«Cambia, todo cambia. Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre».