Aerosillones
Mi calle es aún el siglo XX. Vecinas de ochenta años se motivan animándose unas a otras diciendo: «Tienes que andar, que el cuerpo se acostumbra a lo fácil». No es el cuerpo, es el cerebro el que nos domina. Es un organismo diseñado para conservar la energía, igual que un avaro atesora sus monedas.
Si quieres vivir bien, entrena la corteza prefrontal. Sólo se fortalece cuando la obligamos a hacer algo que no nos apetece. Cada pequeño acto reescribe su arquitectura. La ciencia lo llama neuroplasticidad. El cerebro se convierte en aquello que repetimos. La voluntad está justo ahí.
¿Te acuerdas de los aerosillones de Wall·E? Los fabricaba «Buy n Large, todo lo que necesitas para ser feliz», la megacorporación omnipotente que llegó a convertirse en el gobierno de la Tierra antes de que hubiera que evacuarnos por la polución.
Seamos conscientes de quién explota nuestras debilidades como la vagancia disfrazada de conveniencia, la envidia maquillada de justicia y el espejismo de aprender tras jugar con una IA. El scroll infinito es lo contrario al documental de Nadal y a esa frase de Gaudí en el cielo de Barcelona:
«Primer l'amor, després la tècnica». El amor a la humanidad.